Empresa Guroa, instalación y venta de estufas de biomasa

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Según la última Conferencia sobre el Cambio Climático de la ONU celebrada en Copenhague en 2009, la biomasa ocupa el 4% del consumo de la energía en Europa y su uso combinado con tecnologías para capturar el CO2 podrá reducir el nivel de gases contaminantes de la atmósfera.
Pero ¿De qué estamos hablando exactamente cuando hablamos de biomasa?
Según la RAE, se entiende por biomasa cualquier matería orgánica originada en un proceso biológico, espontáneo o provocado, utilizable como fuente de energía pudiendo referirse tanto a residuos naturales de los bosques, como a residuos “húmedos” tales como aguas residuales urbanas. industriales y ganaderas, así como a biocombustibles derivados de cultivos con fines energéticos. El origen de la biomasa es diverso, como lo es también su rendimiento energético y su disponibilidad en función de la situación geográfica. Normalmente se distinguen tres tipos de biomasa:

Biomasa Natural

De baja eficiencia energética, la biomasa natural, como la leña que se genera en los bosques sin intervención humana, resulta adecuada para su quema directa con carácter local, cercano al lugar donde se genera el residuo y a pequeña escala; resultando inviable su uso sostenible en poblaciones grandes o núcleos urbanos. La quema directa de leña para producir energía térmica no es una práctica contaminante pero conlleva el peligro de provocar talas indiscriminadas y sobre-explotación forestal.

Biomasa Derivada de Cultivos Energeticos

Los cultivos de carácter energético, tales como los cereales, la remolacha o el girasol se van asentando poco a poco en España y si bien tienen la ventaja nada desdeñable de generar empleo en zonas rurales y fomentar así su desarrollo, son importantes también los inconvenientes que acarrean:

1. En primer lugar, los cultivos energéticos de cereales fomentan el uso de semillas transgénicas con el consiguiente peligro de contaminación de los cultivos alimentarios.

2. En segundo lugar, no sólo hay que contar la cantidad de CO2 emitido a la atmósfera en su uso como combustible, sino también el emitido durante su cultivo, transporte y transformación. En este caso tenemos que hablar de una baja eficiencia energética real: los productos de estos cultivos energéticos son en muchas ocasiones traídos en barco a las plantas de biocombustible situadas en zonas costeras y en los procesos de cultivo y transformación aún se emplean combustibles fósiles altamente contaminantes.

Biomasa Residual Húmeda y seca

Mientras que la transformación y uso de la biomasa residual húmeda, por ejemplo en el caso del biogás, es motivo aún de discusión, el caso de la biomasa residual seca procedente de industria alimentaria o maderera goza del beneplácito de productores, organismos oficiales y organizaciones ecologistas.
Sería el caso de las cáscaras de frutos secos o el hueso de aceituna, residuos que se producen generosamente en España:
  • Tienen pues un carácter local sin necesidad de grandes esfuerzos para su transporte.
  • Fomentan la independencia energética de nuestro país
  • Sólo precisan un sencillo proceso de secado y triturado para su uso como combustible
La eficiencia energética es pues mucho mayor que la de los biocombustibles y las emisiones de CO2 se reducen en este caso al mínimo.